Corredera y Sonia regalan el liderato al Calderón (2-1)

Por @MarioCortegana / Vicente Calderón

Pocas cosas encontrarán más útiles que estar en el lugar más adecuado y en el momento más conveniente cuando más corresponde. El Atleti mostró todo lo que tiene, todo lo que es, en uno de los días más oportunos para hacerlo. Así lo rubricaron Marta y Sonia. Que se pueda contabilizar, eso supone tres puntos y un primer puesto. Desde lo intangible, y a esto también contribuyó un Barça que acabó por rebelarse en la segunda mitad, no es descabellado pensar que con partidos y equipos así habrá menos sábados y domingos con mañanas de resaca o de misa, y menos tardes paseando o en el cine. Piénsenlo: igual, si el fútbol femenino se lo sigue creyendo y arrima el hombro quien lo ha de arrimar, se expande, se salta cualquier frontera y los fines de semana no vuelven a ser lo mismo.

Para ello, como incentivo podrán servir ejemplos como el de este domingo en el Calderón, en el que al Atleti le duró la amabilidad en su circunstancial templo lo que duran esos instantes de tedio hasta el pitido inicial. Empezado el partido, hizo de su efímera nueva choza una cárcel a medida para un Barcelona incapaz de no sentirse prisionero. Durante buena parte del meollo, a las de Llorens les quedó grande el duelo: engullidas por la grandeza del marco de una cita de la que se seguirá hablando cuando el fútbol femenino sea, por fin, una realidad en la rutina deportiva de este país, se dejó hacer en demasía, como a la postre comprobaría y lamentaría.

El dominio inicial de las locales fue más estéril que otra cosa, acaso un aviso, una suerte de amenaza: “Este es mi territorio y aquí mando yo”. Así, fueron cocinando a fuego lento el primero, que llegó en el 27′, cuando se juntaron el hambre y las ganas de comer. Cazó la bola Sonia y, como suele, mejoró la jugada. Estaba sola contra el mundo y, lejos de importarle lo más mínimo, contemporizó con tanta tranquilidad como astucia hasta que encontró en su chistera el truco más definitorio: ya en el área, levantó la cabeza, vio la llegada de Corredera y le sirvió medio gol; y Marta, claro, no perdonó: 1-0. Desde ahí siguió creciendo el Atlético, espoleado por un tanto que reforzaba su planteamiento. Pasaron diez minutos y volvió a encontrar premio: Sonia recogió el balcón del área, se asomó al gol y la puso en la escuadra, imposible para Paños: 2-0. Entretanto, sólo Unzué, en el 34′, pudo haber cambiado el destino de un encuentro que ya pintaba mucho más en rojo y blanco que en azul y grana; tan sola se vio en el área que no se lo debió de creer y cabeceó afuera.

Más caviar, por favor

El asunto varió en una segunda parte en la que el Atleti ya no parecía tan convencido de que la mejor defensa era un buen ataque. A medida que iba llegando menos al área contraria, más se iba desperezando el Barça, un equipo con una fobia especialmente fuerte a la muerte: el todavía líder no había dicho su última palabra. No es que las culés inclinasen el campo hacia la portería de Lola, pero sí supieron sacar provecho de la incursión del choque en ese ambiguo tramo en el que la sentencia y el empate estaban mínimamente separados.

Y apareció Alves, hasta entonces apenas voluntariosa: cabezazo y 2-1 en el 62′. Y aparecieron también las dudas: el Atleti no sabía si iba sin frenos hacia el muro de la desilusión y el Barça, si la reacción daría de sí lo suficiente para empatar o, quién sabe, ganar. Llorens, sin embargo, no titubeó: metió a Bárbara, Aitana y Guijarro en el 74′, ideando un asedio final que no terminó de serlo. De hecho, fue Amanda, en una jugada con doble remate, la que más cerca anduvo de volver a celebrar. Entonces se dieron cuenta: la siesta inicial era irreparable y el liderato, un bien perdido, ahora propiedad atlética.

Explicó Enric González en Memorias Líquidas que todo llega a aburrir, hasta el caviar. Yo creo, e intuyo que no soy el único, que podríamos acostumbrarnos a disfrutar del fútbol femenino en este grado superlativo: en un gran estadio, con cerca de 15.000 personas, con el altavoz difusor de las televisiones y, sobre todo, con la emoción que despertaron y el nivel que exhibieron dos equipos en constante crecimiento, llamados a pelear codo con codo por el doblete.

Foto: @barbaraquesadav

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