Equipo titular de Vilda en el España 13-0 Montenegro. Foto @sefutbol.

De las repescas, al liderato: cualquier tiempo pasado nos parece peor

Por @MarioCortegana

Para las rupturas, especialmente para las más tormentosas, nada como la confianza y el cariño. Eso es así, de primer curso de cómo querer y demostrarlo. Y Vilda lo sabe. Por eso, cuando Quereda se fue (más bien le echaron), Jorge se limitó a eso que tan complicado parece tantas veces: hacer fácil lo fácil. Si había un equipo de amigas, para qué envenenarlo. Si había un grupo con superávit de calidad, por qué recortar en magia. Si había (al menos) 23 jugadoras dispuestas a todo por una ilusión, cómo no apoyarlas en su cruzada.

Desde Vilda, la tensión ha dejado paso a la tranquilidad, la de quien sabe lo que se hace. Y los resultados han llegado en correspondencia con esta nueva actitud: siete partidos, siete victorias, 34 goles a favor y sólo dos en contra. A falta de un partido, así ha saldado España su fase de clasificación a la Eurocopa de 2017. Tan superior ha sido y tan espectacular lo ha demostrado (véase la maravilla de 13-0 a Montenegro) que la afición ya mira a los triunfos de las españolas con ojos de rutina: qué fácil es acostumbrarse a lo bueno.

Pero esto ni mucho menos fue siempre así. Hubo un tiempo, y no hace tanto de ello, en que la Selección le interesaba en exclusiva a los familiares y amigos de las jugadores y poco más; a los valientes que supieron ver antes que nadie la grandeza de esta disciplina a menudo tan ninguneada, entre mofas facilonas y machistas, se les colgaba la etiqueta de frikis. Hubo un tiempo, y no hace tanto de ello, en el que pensar en España en la pantalla de un canal como Cuatro parecía una bravuconada, como hubo un tiempo, y no hace tanto de ello, en que también lo era creer que se pudieran ver no menos de tres partidos por fin de semana del campeonato nacional. Hubo un tiempo, y no hace tanto de ello, en que la Liga Femenina no tenía dos padrinos como LaLiga e Iberdrola, que han puesto cuatro millones a pachas para ir limando las miserias del fútbol femenino español. Hubo un tiempo, y no hace tanto de ello, en el que estar en una fase final de un gran campeonato de selecciones era un milagro que exigía parada obligatoria en la repesca (Eurocopa 1997 y Eurocopa 2013). Hubo un tiempo, y no hace tanto de ello, en que las niñas, carentes de espejos en los que mirarse, apenas se atrevían a decir que querían jugar al fútbol; ahora no sólo ellas, también ellos, quieren ser como Vero, Sonia, Vicky, Sonia, Sandra…

Si es verdad que la memoria es selectiva, conviene no olvidarse de todo esto, saber de dónde se viene y hacia dónde se va. La suerte de España es que el recuerdo ya no puede doler: ha pasado lo peor y está preparada para lo que sea. Y es que eso es madurar: mirar al pasado habiendo aprendido, sabiendo que lo mejor está por llegar. ¿Sería muy cuñado pedir a esas chicas un podio en los Países Bajos? Puede. Pero como en Canadá no sólo nos dijeron que soñáramos en grande, sino que nos dieron motivos para ello, vamos a hacerlo con todas las consecuencias. Las chicas de Vilda se (nos) han dado ese regalo, el de haber sabido pasar página para seguir escribiendo una historia hoy más interesante que ayer: de las repescas, al liderato; cualquier tiempo pasado nos parece peor.

Foto: @sefutbol

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